jueves, 10 de febrero de 2011

Si fuera predecible,
si pudiera evitarse,
si pudiera elegirse,
si fuera simple,
si pudiera ocultarse...
NO sería amor.





No vas a encontrar NUNCA, con quien mirar las estrellas, alguien que te baje con un beso una de ella...
Alguien con quien caminar como dos locos de la mano, alguien que te haga vibrar como yo... alguien que te ame deberás, como yo... NO, no vas a encontrarlo!

martes, 8 de febrero de 2011

El verbo ser



Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperaci6n de los largos y frágiles asombros, la desesperaci6n de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperaci6n los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitaci6n es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.

El momento mas grave de la vida!

Un hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, 
refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Aún hoy todavía me cuesta creer que muriera. Fue un mal sueño, una pesadilla.
No se puede imaginar hasta que punto un hecho así puede cambiar la vida de una persona: yo desde aquello no volví a ser la misma.
Le aseguro que no hay un solo día de mi existencia en que no recuerde aquel instante.
Nosotros queríamos cambiar el mundo y desde luego no lo conseguimos.
Ahora lo que intento es que el mundo no me cambie a mi.

El arte es un arma cargada de futuro.
Ha pasado tanto tiempo que ya ni me acuerdo de lo que suponía un nosotros Kuerpo a Kuerpo con K mayúscula de dolor. Tanto, tanto tiempo, que ya ni si quiera echo de menos estallar de placer entre tus poros, arañar cada centímetro de tu alma, morir en tu boca, para resucitar, al día siguiente, entre tus párpados. Me basta con perderme entre alcohol, entre los cinco centímetros de este último chupito que me abrasa el esternón casi tanto como tus recuerdos. Me basta con un hasta siempre, un hasta nunca, un hasta luego. Me basta con olvidarte en pieles ajenas, que no tienen ni puta idea de mis sentimientos, ni de mis perifrasis, ni de los acentos de mis letras, y mucho menos de los latidos arrítmicos de este corazon que a veces tiende a empacharse de ausencia. Me da igual que él se corra con los ojos cerrados, que sea un polvo sin amor, que todo lo que me quede sea dos copas de más y una sonrisa. Me da igual porque hoy, puedo decir, con la boca bien grande, que ya no te necesito.
Sonamos así, como imperdibles que se desabrochan algo más que los botones, y nos hacen ser uno. Como un "mira, oye, no se bien ni por qué" pero me la juego contigo y dueles. Tanto que todo esto parece un pretérito mal conjugado, un "me parece que esto ya lo he vivido" y no quiero que se repita pero ahora estás en mi cama, o tal vez no porque la inseguridad tatúa mis poros, porque estoy harta del "eres tu", "ya, pero es ella", del whisky que me abrasa el esternón casi como todas las paredes que me marean a las cuatro y me echan cuando sale el sol y ya ni queda vino, tan doloroso como perder(te) a un amigo, como soplar un te quiero a la distancia y que te contesten 100 km entre tu piel y la mía, como dos corazones rotos con miedo a salirse del camino, de este rumbo imprevisto que nada tenía que ver con mis bocetos pero que me agrada, y quédate conmigo, como matar el final de una botella de ron porque amigo, tus penas son mías y si me agarras fuerte al menos prométeme que no vas a soltarme ni en formato "yo confieso" ni en formato gemido, ni cuando se corre queriendo engañarme, diciendo que somos dos y tu dentro de mi uno, que ya lo sabrás, que si pedimos el último chupito me voy a enamorar del chico del fondo, sí, ese que no te quita ojo, y puede que follemos o puede que no pero significara un nosotros, y para qué vamos a engañarnos, si nos puede esta calle, el bareto de la esquina y su paralela, y qué le vamos a hacer, si nos dan las seis en el reloj y el puto sol ya quema, y aun si saber por qué huimos, tu habitación nosotros y ni como ni por qué, pero de la mano. Despertamos, huele a ron y sabe todo a dolor de cabeza, y tú, vuelves a ser distinto