jueves, 9 de diciembre de 2010

La ciudad poco a poco fue transformándose en un desierto, las personas iban desapareciendo poco a poco y sólo quedaban coches humeantes y semáforos cumpliendo su ritual. No sé a dónde se había ido la gente, tampoco me importaba. Desde la ventana observaba todo lo que estaba sucediendo. Parecía el fin del mundo, y yo asistía todos los días a esa función. Miraba por la ventana, y todo el mundo desaparecía. Algunos días salía a la calle para poder disfrutarlo. Era increíble caminar sin que nadie pudiera verte, escondida del mundo, o más bien el mundo escondido de tí. Siempre soñé con tener una lavandería cerca de casa y poder tirar todos los recuerdos en esas lavadoras industriales. Y observar como todo da vueltas para luego esfumarse, los momentos, la vida, las camisetas azules, los calcetines desparejados. Hay días en los que no entiendo al mundo y no me importa en absoluto. Me pierdo en mis personajes de cuento y logro alcanzar montañas, respirar aire puro en medio de la ciudad, doy la vuelta al cielo y vuelvo con una sonrisa prendida en las manos. Suelo vivir en otros mundos y olvidar el real. En mi mundo cada día a las 10 de la noche todo el mundo escapa. Y mi alma y yo salimos a pasear cogidas de la mano, ahora que se puede respirar, ahora que la gente no corre de un lado a otro por miedo a perderse la vida. Y siento que estoy en total armonía con el mundo, las farolas me sonríen al caminar, y olvido, y respiro el olor a hojas secas. La rutina que me envuelve me recuerda que estoy viva, y el frío aviva mis ganas de vivir el presente.

¿Qué tal si esta noche te como a besos hasta dejarte en los huesos? ¿Y si conquistamos las calles de la mano y matamos el frío a lametazos? Me muero de ganas de tí.


"Tarde de perros, lluvia de ceniza,
parabrisas cansados, sin adrenalina,
los semáforos tiemblan, como sauces llorones,
y una dependienta espera en la trastienda.
Lluvia de camiones, ambulancias urgentes,
chicas que se esconden debajo del puente, nadie las recoge,
bajo la tormenta, el ultimo noviembre de los años ochenta.."

Una ración de cosas bonitas contigo





" Te quiero cuando tienes frío estando a 21º, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco, te quiero cuando después de pasar el día contigo mi ropa huele a tu perfume y quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches. Y eso no es porque esté solo ni tampoco porque sea nochevieja. He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible. "

- Si el planeta estalla, que nos encuentre juntos.

Tenemos microondas para freirnos el cerebro, cafeteras para cocinar a fuego lento sueños color marrón chocolate y lavadoras que centrifugan palabras a mil por hora. Tenemos coches con los que viajar, naves espaciales para visitar otros planetas sin movernos de la cama y vasos en los que almacenar lágrimas. Maletas en las que caben sueños en forma de ropa interior, juguetes para cuando se nos olvida porque vivimos. Tenemos la estanteria llena de adornos inútiles que nos recuerdan quienes somos, y bolígrafos para apuntar todo lo que se nos pase por la cabeza y hacer la lista de la compra. Faldas para poner los sábados noche y tacones y maquillaje para aparentar ser quien no somos. Luchamos por algo, no sabemos porque, pero nos levantamos cada mañana con motivos que se escapan bajo el agua de la ducha. Estamos vacíos, somos cascaras andantes observando como el mundo se desmorona. Tenemos mil maneras de decir las cosas pero pocas veces nos ponemos a ello, preferimos dejar que el tiempo pase y nos aplaste. Tenemos ganas de cambiar el mundo pero como mucho nos cortamos las uñas para no arañarlo. Nos gusta reir y aunque a veces se nos olvida el modo de hacerlo lo buscamos en el almacén de las cosas que no se olvidan. Tenemos cajas de zapatos llenas de cartas que nunca llegaron a su destino y fotografías que nunca vieron la luz en el último cajón. Sabíamos como ser felices pero un viento huracanado nos arrebató todo lo que teníamos. Tenemos una cadeña de sueños atada a los pies que no nos deja volar y un cielo que no admite pasajeros sin billete. No existen mostradores en los que se vendan billetes hacia la felicidad. Tenemos momentos desperdiciados cayendo de nuestras manos al suelo y destruyéndose. Ganas de hacer cosas bonitas y tiempo que se escapa corriendo bajo la piel. Tenemos tanto, tanto que no tenemos nada.

Una maleta de sueños aguardando detrás de la puerta para cuando haya que escapar de
improvisto. Sin billete de vuelta.


.. "Nosotros nos iremos y no volveremos más, dice la canción. Porque el que vuelva será otro. Nosotros vistiendo otros cuerpos. Mejores. Más fuertes. El jazmín de momento aguanta las heladas y yo me escondo en un abrazo mientras la noche se llena de tormentas. A pesar de que las cosas parecen llenarse de cenizas, aunque este aguacero implacable se empeñe en tenernos encerrados en casa, sé que vendrán tiempos mejores. Me lo dicen las gotas de lluvia que tiemblan en tus pestañas infinitas, unas manos pequeñas que agarran un paraguas y me invitan a resguardarme, el olor de la tierra mojada en la lejana aldea, mientras el arroyo regresa cargado de agua entre los encinares en los que a veces me escondo, la risa de un niño mientras canto una canción, la vida misma sentada en el sofá de mi casa mientras la televisión me mece con su murmullo y afuera nos esperan los charcos, para ser saltados, para devolvernos en su reflejo nuestro rostro florecido, lleno de besos y sonrisas. Tras esta tempestad vendrá la calma. Y en ella nos encontraremos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Que soy adicta a la lluvia, a las sonrisas que me venden todas las esquinas que me invitan a olvidarte. Que respiro lágrimas de hielo que solidifican en tus mejillas, que transforman cada mañana de cada martes en un te necesito. Que llevo tatuado en el alma una sonrisa que se resquebraja, que de vez en cuando adora asomarse a un profundo precipicio con la esperanza de que alguien la agarre. Que os tengo a vosotros, y un mar de inseguridades que ahora pueblan mi almohada, recordándome tiempos felices en los que eras tú quien consumía todos y cada uno de los amaneceres.
Suenan las campanas de una vida nueva.
Porque me gustas así, cuando te despiertas bañada en la última resaca, brindando con tus ojos por este sueño que es tuyo y mio. Porque he recorrido toda esta vida para conocerte y te he encontrado y por eso adoro abrir el armario y encontrar tus zapatillas, o mirarte a los ojos tratando de descubrir la constelación que se esconde tras ellos. Porque puede que esta forma de agarrarte así, tan fuerte, sea una alternativa de vida, te grite el camino que por qué no íbamos a empezar... si en eso consiste la vida.

martes, 7 de diciembre de 2010

She

El sombrero era precioso. Debajo, había una chica morena. Sus piernas estaban encerradas por unas botas prietas, marrones, de cuero. La piel, tan pálida, destacaba en medio de la noche. El agua corría libre bajo sus pies, a metros de su inmaculada perfección. Ni siquiera entiendo todavía por qué me hechizó ese espectro de juventus acodado en un puente perdido, tan lejos del centro de Roma. Un mechón sobresalía cruzando su rostro y escapando de la sombra que cubría sus ojos. El ceñidísimo abrigo negro podía haber hecho las delicias de cualquier piltrafo deshonesto que pasara por el lugar. Las manos, que a mis ojos eran de la más pura porcelana, se escondían en los bolsillos. Y en realidad tan solo era una niña esperando a la mitad de un puente, pero quizá me llamó la atención su excesiva seriedad.
O quizá el simple hecho de que la habría desnudado a mordiscos, sin pedir siquiera permiso.

El.

Escribo historias con ese sabor amargo e imaginario de una calada en mis labios, o quizá sea solo un reflejo de los tuyos. Te veo llegar con un solo copo en el pelo, y sonrío tras ese cristal que protege mis brazos desnudos de la nieve que asola el primer día de diciembre. Un bocata caliente y nosotros, y río y soy feliz, y la clase que me espera a veinte metros no es nada comparada con mis cinco minutos contigo. Eres esa única persona que lee mis ojos como si fueran un libro abierto, que desgrana cada centímetro de mi piel al mismo tiempo que mi pensamiento. Puedo perderme en tus ojos verdes, con esas pupilas que parecen dibujadas por una mano temblorosa. Porque igual cambio mil veces mi sonrisa en esas 24 horas en tus dedos, pero observarte es el mayor de los placeres de este mundo, y créeme que podría pasar la vida con los ojos cruzados en los tuyos, con mis manos devorándote poco a poco, y con un te amo dibujado en los labios.